Madrid

Ahí arrancó la final para el Real Madrid, que se fue a vestuarios habiendo sumado pases y más pases, en campo contrario y con todas las misiones en su lugar. En el lado fuerte se vislumbraba mucha movilidad e intención. Había ruptura para no hacer pesada la circulación, el juego se generaba y se regeneraba, motivando la iniciativa de sus hombres más creativos. El Liverpool, ya con Mané en banda derecha y en 4-5-1, tuvo que aceptar el nuevo escenario. Uno en el que, por costumbre y destino, permite al Madrid jugar y jugar hasta que el gol cae por su propio peso. La final había llegado a sus primeros 45 minutos con un claro color blanco tras un primer dominio rojo. Así, una vez se reanudó la contienda, las sensaciones se multiplicaron. Entre Karius y Benzema abrieron el marcador.
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El plan del Liverpool se había reducido en opciones. Su anhelo constaba en aguantar el resultado y tener alguna acción aislada, sin tantas posibilidades colectivas en el juego. La entrada de Lallana por Salah parecía sugerir algún apoyo de más al balón, pero ese estaba escondido en las botas de Modric, siempre presto a equilibrar la banda derecha tras la marcha de Carvajal, Kroos, Benzema y Marcelo. Desde el 1-1, se narró un nuevo capítulo en el que el campeón golpeó de tal manera que no quedó más explicación. Zidane llamó a Gareth Bale, un absoluto fenómeno técnico, con una impresionante capacidad para inventarse goles. Fue el comienzo del fin en Kiev. El momento que conectó al Madrid con su brillante rutina.
La final se había contado para definirse así. El Real Madrid, cuatro veces campeón de la Copa de Europa en los últimos cinco años, dio sentido a este lustro con una segunda mitad en la que simplemente recogió sus frutos. El empate del Liverpool en un córner no terminó por significar algo distinto. No sucede nada extraordinario cuando el guion parece girar. Una chilena de Gareth Bale, un prodigio acrobático, fue la respuesta del Real Madrid ante un momento de dificultad. Un chispazo de supuesta incomprensión que otorgó de nuevo a su leyenda un aura de legitimidad, basada en la normalidad con la que hace coincidir talento, experiencia y sabiduría. Una vez más, el Real Madrid estuvo allí. Junto a la victoria. Persiguiéndose mutuamente sin posibilidad de no encontrarse.
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Como culé lo digo… Qué difícil resulta esconder u ocultar los méritos de este equipo, qué duro de reconocer… Y el salto que pegué con el gol de Bale.
En esta competición al Madrid todo le sale cara, y a sus rivales todo les sale cruz. Y no es sólo cuestión de suerte, estan echos el uno para el otro.
Y con suerte no me refiero solo a los goles o la lesión de Salah, puesto que el entrenador quita del campo a uno de los que mejor estaban rajando el sistema defensivo rojo (en el bar que yo estaba todo el mundo se preguntaba por que quitaba a Isco), y su substituto marca dos golazos e inclina el partido.

Madrid

El Madrid, que no entraría en el partido hasta bien entrada la primera mitad, no estaba descifrando en su totalidad el bloque medio ‘red’. Entre juntarse y separarse, la ocupación del terreno constaba irregular porque faltaba profundidad y altura en su circulación. Klopp había dispuesto su equipo de tal manera que el Madrid necesitaba abrir mucho más arriba a sus hombres exteriores para empujar al rival a defender más atrás, una medida que dejaba en superioridad al tridente del Liverpool. Si por dos razones en concreto el Madrid arrancó la final sin continuidad fue por su toma de decisiones, irregular ante la principal misión, sumar pases y jugadores cerca del balón y mucho más arriba, pero, sobre todo, porque el Liverpool era todo lo agresivo con balón que no estaba siendo en la presión, gracias, fundamentalmente, a un sensacional Mohamed Salah. El egipcio, hasta su lesión, estuvo maravilloso.
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Fue así como el partido le hizo ver a Zidane que su equipo estaba adoleciendo de intensidad en las marcas y de coralidad en su plan con balón. El Liverpool, cuando recuperaba la pelota, a cualquier altura, esto no fue tan relevante, comenzaba a avanzar metros con toques precisos e inteligentes. Salah, jugando de espaldas y a un toque, dio al interruptor. Mezclando pico con corona del área en sus intervenciones, el ataque del Liverpool se procuraba situaciones de uno contra uno. Allí, en las primeras cuatro acometidas, algunas más francas que otras, constó Raphael Varane. El francés aparecía en la previa como un elemento corrector de gran necesidad. Y respondió. El Madrid, que formaba un tímido 4-1-4-1, con Casemiro librado para acudir a las ayudas en zona de tres cuartos, estaba despistado. Y como en el tramo de mayor dominio británico, ocurrieron dos cosas. Apareció Karim Benzema. Y se marchó lesionado Mohamed Salah.
El primero lo hizo absolutamente todo bien. El francés aúna dos virtudes complementarias e inigualables. A nivel táctico, el Madrid no dispone de otro futbolista que haga todo lo que hace Benzema de espaldas al arco. Su misión es organizar el juego de su equipo sin pensar en la portería, pues no la ve. Benzema mira al balón, mira las posiciones de su rival y de su compañero, el que tiene la pelota, y actúa en consecuencia. Ocupa un espacio, recoge la pelota, gira para liberarse o toca para darle continuidad a la jugada. Siempre para imaginarle a su equipo una ventaja posterior, pues reduce todo el impacto defensivo de su rival. Pero además, a nivel intelectual, su interpretación y su timing para encontrarse con el balón y equilibrar la jugada, condenó al Liverpool a una defensa mucho más baja. Vistas y contadas todas las intervenciones del francés en la primera mitad, y después de que el Liverpool pasara de un 4-3-3 a un 4-4-2, las líneas de pase para el conjunto blanco se multiplicaron.
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Ahí arrancó la final para el Real Madrid, que se fue a vestuarios habiendo sumado pases y más pases, en campo contrario y con todas las misiones en su lugar. En el lado fuerte se vislumbraba mucha movilidad e intención.

Ronaldo

Creo que los jugadores que jugaron vs Villarreal serán los de partida, o por lo menos son lo que yo pondría.

Isco porque para mí su presencia es importante trabajando la recepción tras la presión de los medios del Liverpool

Y Bale porque un Bale en este estado de forma cuesta mucho que sea suplente ya no sólo en el Madrid, si no en cualquier otro equipo. Y si además lo comparamos con el estado de Benzema pues… eso y que el galés por si sólo puede cambiar la forma de defender de los ingleses, no pueden subir la lineas sin preocuparse del balón a la espalda, el cual siempre sería un recurso fácil merengue. Me gustó mucho como se movió por todo el frente del ataque vs los amarillos este fin de semana.
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así que yo sí jugaría con el rombo esta final, a pesar que muy pocas veces me ha gustado este sistema. No veo al Liverpool como un equipo peligroso en su juego por las bandas. Básicamente porque no creo que busque tener la posesión, buscará acabar los ataques lo más rápido posibles y robar en el centro. O sea no va esperar a que el Madrid aún que jugases con el 442 formase la doble pareja en banda, con lo cual no veo necesario preocuparse mucho por ello.

Es mucho más importante castigar la espalda de la presión que ejercerán a Kroos y Modric. Ahí estará la final, si el Madrid consigue castigarla el partido se parecerá bastante al 3-0 vs el Borussia de Klopp en el Bernabeu, si no pues tiene todas las papeletas para perder.

Va ser interesante porque el Pool de Klopp nunca se ha enfrentado a un equipo tan capacitado para salir de presiones, ni siquiera el City. Los de Pep intentan salir de la presión por sistema, pero ahora Klopp se enfrentará a gestos técnicos que no se dan en ningún otro equipo del mundo.
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Por cierto otra cosa que se ha vuelto a ver mucho este fin de semana fueron los continuos cambios de banda merengues. Cualquiera intentaba rápidamente buscar la otra banda. Hubo una jugada que el Madrid sacó el balón desde atrás haciendo pases en diagonal de un lado a otro hasta llegar al área del Villarreal.
Y en vez del 4-3-1-2 no podría ser un 4-4-2 de derecha a izquierda con Modrić – Casemiro – Kroos – Isco y arriba Bale y Cristiano.
Para mí el 4-3-3 sigue siendo el sistema más equilibrado y el que le otorga el sitio a casemiro que considero clave para la final. Tanto para defender el juego directo y las segundas jugadas como para hacer el 3×2 en defensa acudiendo a las ayudas en banda. Además siendo una final, y como se demostró tanto en las semifinales de 2014 vs Bayern como en la final de milán como en varios partidos contra el barcelona, Gareth Bale en los días D tiene una capacidad de retorno defensivo para nada inferior a la de lucas vázquez y le da la oportunidad al madrid de cerrar en 4-4-2 en defensa dejando a kroos en la MP para morder los primeros pases del pool (algo en lo que es un absoluto maestro) con isco y bale en las bandas.

Ronaldo

De entrada, una de las claves que ha llevado a Zidane, y en esto lo del ‘huevo o la gallina’ va de la mano, es que sus laterales no han podido dar continuidad y mantener el tiempo un estado tan alto de frecuencia, intensidad, inspiración y frescura para recorrer los costados sin referencias en banda que les permitieran interpretar la llegada, tener libertad para dar forma a jugadas o profundizar con compañeros que llamen la atención. Desde ahí, Zidane buscó compensar desde lo más esencial, con dos bandas abiertas o una más fija y otra más móvil, pero con el 4-4-2. Los laterales podrían compartir algunas tareas y Ronaldo sumaría un acompañante para trazar movimientos complementarios. Esta idea tuvo su contra en la falta de confianza que sigue atravesando Karim Benzema y la limitación que, en ausencia de Casemiro, se produce para que Modric pueda acercarse al área.
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Potencialmente fue una respuesta a lo que por ejemplo pasó en la vuelta de cuartos de final ante la Juventus. Allí, el Real Madrid, formando 4-3-1-2 con Isco en la mediapunta, tuvo serios problemas para darle continuidad a sus ataques y a poder lateralizar su defensa tras la pérdida. Tal fue el impacto, sobre todo por la efectividad juventina, que el campeón ajustó en la segunda mitad y se preparó para visitar el Allianz con una versión mixta. Isco y Lucas en las bandas de un 4-3-3. Y entonces, Cristiano tuvo que ser hilo y aguja frente a la defensa bávara. De cara a la última noche, la que se jugará en Kiev, la amenaza exterior del Liverpool inglés se muestra evidente. Zidane necesita las tres cosas: presencia en banda, superioridad en mediocampo y compañía para Cristiano. Un deseo que tratará de cumplir en base a la prioridades de superior rango.
La defensa del Liverpool puede definirse en un punto intermedio entre su capacidad para el sacrificio, la concentración y la presencia en número con la dificultad para no ser desbordado. El conjunto de Jürgen Liverpool se entrena para atacar, presionar y contragolpear, pero no para ocupar su propio campo de tal modo que se niegue a ser desbordado en los costados o en el área. Tiene capacidad para repeler acometidas peor no para evitarlas. De ahí que las posibilidades de prorizar una estructura que conceda iniciativa y posibilidades a los laterales blancos sea el primer paso para estabilizar el trío de anhelos antes citado. Si Marcelo y Carvajal son acompañados, la acción inspirada y la aparición de ocasiones, junto a un segundo punta, sea Bale o Benzema, parecen una opción más propia con la esencia de un Madrid prestigioso y dominante en una cita trascendental.
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Así, el papel de Ronaldo, cada vez más enfocado a partir desde la punta con libertad para intervenir y merodear con alguien que le releve continuamente para ser apoyo en la mediapunta o distracción para la marca de los centrales, encajaría con un Madrid que retroalimentaría las necesidades de los nombres que van sumando diferentes aptitudes en pos del dominio y la estructura que les conceda llevar las riendas, alejar cualquier conato de contragolpe y poner a su hombre gol frente a la portería. Kiev dictará cómo de larga es la manta con la que Zinedine Zidane tratará de arropar a Cristiano Ronaldo.