Madrid

Ahí arrancó la final para el Real Madrid, que se fue a vestuarios habiendo sumado pases y más pases, en campo contrario y con todas las misiones en su lugar. En el lado fuerte se vislumbraba mucha movilidad e intención. Había ruptura para no hacer pesada la circulación, el juego se generaba y se regeneraba, motivando la iniciativa de sus hombres más creativos. El Liverpool, ya con Mané en banda derecha y en 4-5-1, tuvo que aceptar el nuevo escenario. Uno en el que, por costumbre y destino, permite al Madrid jugar y jugar hasta que el gol cae por su propio peso. La final había llegado a sus primeros 45 minutos con un claro color blanco tras un primer dominio rojo. Así, una vez se reanudó la contienda, las sensaciones se multiplicaron. Entre Karius y Benzema abrieron el marcador.
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El plan del Liverpool se había reducido en opciones. Su anhelo constaba en aguantar el resultado y tener alguna acción aislada, sin tantas posibilidades colectivas en el juego. La entrada de Lallana por Salah parecía sugerir algún apoyo de más al balón, pero ese estaba escondido en las botas de Modric, siempre presto a equilibrar la banda derecha tras la marcha de Carvajal, Kroos, Benzema y Marcelo. Desde el 1-1, se narró un nuevo capítulo en el que el campeón golpeó de tal manera que no quedó más explicación. Zidane llamó a Gareth Bale, un absoluto fenómeno técnico, con una impresionante capacidad para inventarse goles. Fue el comienzo del fin en Kiev. El momento que conectó al Madrid con su brillante rutina.
La final se había contado para definirse así. El Real Madrid, cuatro veces campeón de la Copa de Europa en los últimos cinco años, dio sentido a este lustro con una segunda mitad en la que simplemente recogió sus frutos. El empate del Liverpool en un córner no terminó por significar algo distinto. No sucede nada extraordinario cuando el guion parece girar. Una chilena de Gareth Bale, un prodigio acrobático, fue la respuesta del Real Madrid ante un momento de dificultad. Un chispazo de supuesta incomprensión que otorgó de nuevo a su leyenda un aura de legitimidad, basada en la normalidad con la que hace coincidir talento, experiencia y sabiduría. Una vez más, el Real Madrid estuvo allí. Junto a la victoria. Persiguiéndose mutuamente sin posibilidad de no encontrarse.
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Como culé lo digo… Qué difícil resulta esconder u ocultar los méritos de este equipo, qué duro de reconocer… Y el salto que pegué con el gol de Bale.
En esta competición al Madrid todo le sale cara, y a sus rivales todo les sale cruz. Y no es sólo cuestión de suerte, estan echos el uno para el otro.
Y con suerte no me refiero solo a los goles o la lesión de Salah, puesto que el entrenador quita del campo a uno de los que mejor estaban rajando el sistema defensivo rojo (en el bar que yo estaba todo el mundo se preguntaba por que quitaba a Isco), y su substituto marca dos golazos e inclina el partido.

Madrid

El Madrid, que no entraría en el partido hasta bien entrada la primera mitad, no estaba descifrando en su totalidad el bloque medio ‘red’. Entre juntarse y separarse, la ocupación del terreno constaba irregular porque faltaba profundidad y altura en su circulación. Klopp había dispuesto su equipo de tal manera que el Madrid necesitaba abrir mucho más arriba a sus hombres exteriores para empujar al rival a defender más atrás, una medida que dejaba en superioridad al tridente del Liverpool. Si por dos razones en concreto el Madrid arrancó la final sin continuidad fue por su toma de decisiones, irregular ante la principal misión, sumar pases y jugadores cerca del balón y mucho más arriba, pero, sobre todo, porque el Liverpool era todo lo agresivo con balón que no estaba siendo en la presión, gracias, fundamentalmente, a un sensacional Mohamed Salah. El egipcio, hasta su lesión, estuvo maravilloso.
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Fue así como el partido le hizo ver a Zidane que su equipo estaba adoleciendo de intensidad en las marcas y de coralidad en su plan con balón. El Liverpool, cuando recuperaba la pelota, a cualquier altura, esto no fue tan relevante, comenzaba a avanzar metros con toques precisos e inteligentes. Salah, jugando de espaldas y a un toque, dio al interruptor. Mezclando pico con corona del área en sus intervenciones, el ataque del Liverpool se procuraba situaciones de uno contra uno. Allí, en las primeras cuatro acometidas, algunas más francas que otras, constó Raphael Varane. El francés aparecía en la previa como un elemento corrector de gran necesidad. Y respondió. El Madrid, que formaba un tímido 4-1-4-1, con Casemiro librado para acudir a las ayudas en zona de tres cuartos, estaba despistado. Y como en el tramo de mayor dominio británico, ocurrieron dos cosas. Apareció Karim Benzema. Y se marchó lesionado Mohamed Salah.
El primero lo hizo absolutamente todo bien. El francés aúna dos virtudes complementarias e inigualables. A nivel táctico, el Madrid no dispone de otro futbolista que haga todo lo que hace Benzema de espaldas al arco. Su misión es organizar el juego de su equipo sin pensar en la portería, pues no la ve. Benzema mira al balón, mira las posiciones de su rival y de su compañero, el que tiene la pelota, y actúa en consecuencia. Ocupa un espacio, recoge la pelota, gira para liberarse o toca para darle continuidad a la jugada. Siempre para imaginarle a su equipo una ventaja posterior, pues reduce todo el impacto defensivo de su rival. Pero además, a nivel intelectual, su interpretación y su timing para encontrarse con el balón y equilibrar la jugada, condenó al Liverpool a una defensa mucho más baja. Vistas y contadas todas las intervenciones del francés en la primera mitad, y después de que el Liverpool pasara de un 4-3-3 a un 4-4-2, las líneas de pase para el conjunto blanco se multiplicaron.
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Ahí arrancó la final para el Real Madrid, que se fue a vestuarios habiendo sumado pases y más pases, en campo contrario y con todas las misiones en su lugar. En el lado fuerte se vislumbraba mucha movilidad e intención.

Ronaldo

Creo que los jugadores que jugaron vs Villarreal serán los de partida, o por lo menos son lo que yo pondría.

Isco porque para mí su presencia es importante trabajando la recepción tras la presión de los medios del Liverpool

Y Bale porque un Bale en este estado de forma cuesta mucho que sea suplente ya no sólo en el Madrid, si no en cualquier otro equipo. Y si además lo comparamos con el estado de Benzema pues… eso y que el galés por si sólo puede cambiar la forma de defender de los ingleses, no pueden subir la lineas sin preocuparse del balón a la espalda, el cual siempre sería un recurso fácil merengue. Me gustó mucho como se movió por todo el frente del ataque vs los amarillos este fin de semana.
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así que yo sí jugaría con el rombo esta final, a pesar que muy pocas veces me ha gustado este sistema. No veo al Liverpool como un equipo peligroso en su juego por las bandas. Básicamente porque no creo que busque tener la posesión, buscará acabar los ataques lo más rápido posibles y robar en el centro. O sea no va esperar a que el Madrid aún que jugases con el 442 formase la doble pareja en banda, con lo cual no veo necesario preocuparse mucho por ello.

Es mucho más importante castigar la espalda de la presión que ejercerán a Kroos y Modric. Ahí estará la final, si el Madrid consigue castigarla el partido se parecerá bastante al 3-0 vs el Borussia de Klopp en el Bernabeu, si no pues tiene todas las papeletas para perder.

Va ser interesante porque el Pool de Klopp nunca se ha enfrentado a un equipo tan capacitado para salir de presiones, ni siquiera el City. Los de Pep intentan salir de la presión por sistema, pero ahora Klopp se enfrentará a gestos técnicos que no se dan en ningún otro equipo del mundo.
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Por cierto otra cosa que se ha vuelto a ver mucho este fin de semana fueron los continuos cambios de banda merengues. Cualquiera intentaba rápidamente buscar la otra banda. Hubo una jugada que el Madrid sacó el balón desde atrás haciendo pases en diagonal de un lado a otro hasta llegar al área del Villarreal.
Y en vez del 4-3-1-2 no podría ser un 4-4-2 de derecha a izquierda con Modrić – Casemiro – Kroos – Isco y arriba Bale y Cristiano.
Para mí el 4-3-3 sigue siendo el sistema más equilibrado y el que le otorga el sitio a casemiro que considero clave para la final. Tanto para defender el juego directo y las segundas jugadas como para hacer el 3×2 en defensa acudiendo a las ayudas en banda. Además siendo una final, y como se demostró tanto en las semifinales de 2014 vs Bayern como en la final de milán como en varios partidos contra el barcelona, Gareth Bale en los días D tiene una capacidad de retorno defensivo para nada inferior a la de lucas vázquez y le da la oportunidad al madrid de cerrar en 4-4-2 en defensa dejando a kroos en la MP para morder los primeros pases del pool (algo en lo que es un absoluto maestro) con isco y bale en las bandas.

Ronaldo

De entrada, una de las claves que ha llevado a Zidane, y en esto lo del ‘huevo o la gallina’ va de la mano, es que sus laterales no han podido dar continuidad y mantener el tiempo un estado tan alto de frecuencia, intensidad, inspiración y frescura para recorrer los costados sin referencias en banda que les permitieran interpretar la llegada, tener libertad para dar forma a jugadas o profundizar con compañeros que llamen la atención. Desde ahí, Zidane buscó compensar desde lo más esencial, con dos bandas abiertas o una más fija y otra más móvil, pero con el 4-4-2. Los laterales podrían compartir algunas tareas y Ronaldo sumaría un acompañante para trazar movimientos complementarios. Esta idea tuvo su contra en la falta de confianza que sigue atravesando Karim Benzema y la limitación que, en ausencia de Casemiro, se produce para que Modric pueda acercarse al área.
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Potencialmente fue una respuesta a lo que por ejemplo pasó en la vuelta de cuartos de final ante la Juventus. Allí, el Real Madrid, formando 4-3-1-2 con Isco en la mediapunta, tuvo serios problemas para darle continuidad a sus ataques y a poder lateralizar su defensa tras la pérdida. Tal fue el impacto, sobre todo por la efectividad juventina, que el campeón ajustó en la segunda mitad y se preparó para visitar el Allianz con una versión mixta. Isco y Lucas en las bandas de un 4-3-3. Y entonces, Cristiano tuvo que ser hilo y aguja frente a la defensa bávara. De cara a la última noche, la que se jugará en Kiev, la amenaza exterior del Liverpool inglés se muestra evidente. Zidane necesita las tres cosas: presencia en banda, superioridad en mediocampo y compañía para Cristiano. Un deseo que tratará de cumplir en base a la prioridades de superior rango.
La defensa del Liverpool puede definirse en un punto intermedio entre su capacidad para el sacrificio, la concentración y la presencia en número con la dificultad para no ser desbordado. El conjunto de Jürgen Liverpool se entrena para atacar, presionar y contragolpear, pero no para ocupar su propio campo de tal modo que se niegue a ser desbordado en los costados o en el área. Tiene capacidad para repeler acometidas peor no para evitarlas. De ahí que las posibilidades de prorizar una estructura que conceda iniciativa y posibilidades a los laterales blancos sea el primer paso para estabilizar el trío de anhelos antes citado. Si Marcelo y Carvajal son acompañados, la acción inspirada y la aparición de ocasiones, junto a un segundo punta, sea Bale o Benzema, parecen una opción más propia con la esencia de un Madrid prestigioso y dominante en una cita trascendental.
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Así, el papel de Ronaldo, cada vez más enfocado a partir desde la punta con libertad para intervenir y merodear con alguien que le releve continuamente para ser apoyo en la mediapunta o distracción para la marca de los centrales, encajaría con un Madrid que retroalimentaría las necesidades de los nombres que van sumando diferentes aptitudes en pos del dominio y la estructura que les conceda llevar las riendas, alejar cualquier conato de contragolpe y poner a su hombre gol frente a la portería. Kiev dictará cómo de larga es la manta con la que Zinedine Zidane tratará de arropar a Cristiano Ronaldo.

Ruben

Parecía que nunca iba a llegar. Ese maldito día que tantas y tantas veces he soñado que tardase lo máximo posible en presenciarse en el calendario. El día en el que acaba un ciclo, el día que nuestros caminos se separan definitivamente. El día que retornarás, quizás, a tu lugar de origen. El último día que te veré portar mi escudo sobre tu corazón. El día que tienes que marchar.
Tranquilo, Rubo. Sé que puedes estar triste si finalmente no consigues el récord que te convierta en el máximo goleador de la historia del club en Primera. O quizás porque la temporada, en lo personal, no ha ido como te hubiera gustado. Pero tranquilo, Rubo, porque ya eres leyenda. Porque te llevas algo más que un récord, y es el cariño y la idolatría de una afición que te lleva queriendo ocho años. Que te lleva sintiendo como uno de nosotros. Porque ya, Rubén, eres uno di noi.
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Una de las 13 barras verdiblancas que luce el escudo del Real Betis Balompié. Una parte de la historia de este club ya la has escrito. Y en el momento, quizás, más difícil. Cuando nadie quería venir, cuando nadie quería quedarse. Cuando teníamos que salir a jugar en los fangos de Lugo. Cuando nos inundaba la mediocridad. Cuando éramos un equipo ascensor. Cuando a algunos les temblaba las piernas al salir a un Benito Villamarín harto de años y años de sufrimiento; ahí estabas tú. Dando la cara, siempre.
Crecí viéndote jugar, Rubén. Viéndote marcar goles imposibles. Viéndote celebrar uno a uno hasta llegar a tus 148 goles. Me hiciste idolatrarte. Me hiciste amar aún más este bendito deporte. Amar aún más a mi Betis, tu Betis, nuestro Betis. Gracias a ti podemos decir que hoy en día seguimos existiendo, porque tú lo salvaste de la muerte. Por eso, Rubén, no podía despedirme de ti sin darte las gracias.
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Las gracias porque sé que jamás mis ojos volverán a ver a un futbolista igual, a un goleador similar. Sé que pasarán los años y seguiré echándote de menos. Sé que te veré con otro escudo y dolerá, vaya si dolerá. Y también sé, por supuesto, que vas a estar marcando goles hasta que tú quieras.
Por fin hemos conseguido una clasificación europea que es tuya también. Quizás más que de nadie. Desde aquel 1 de septiembre de 2010 han pasado muchas cosas. Aquel día marcaste tu primer gol como verdiblanco, en la portería del Gol Norte de nuestro templo, del Benito Villamarín. La portería que tantas veces ha visto tu mítica cresta o, más recientemente, tus “mofles”.
Seguro, Rubén, te mereces otro tipo de despedida. Con un Villamarín lleno, en un partido homenaje. Con 50.000 almas coreando tu nombre, con un club que retire tu dorsal. Porque jamás volveremos a ver la camiseta 24 como algo normal. Porque pesará más que cualquier otro número. Y es que, Rubén, ninguno que lo porte va a cumplir las expectativas; porque aun asi eres inigualable.

Sevilla

La liga llega a su final. Y que mejor escenario para bajar el telón que el Ramón Sánchez-Pizjuán enfrentando a Sevilla y Alavés. Dos conjuntos con unas temporadas atípicas y dispares a partes iguales que llegan al último partido de la temporada con los objetivos cumplidos y sin nada que demostrar.
Hasta tres entrenadores se han sentado en los banquillos de ambos clubes. Berizzo, Montella y Caparrós en el bando hispalense; Zubeldía, De Biasi y Abelardo en el del cuadro babazorro. Los primeros pasaron de rozar la excelencia a una debacle sin precedentes. De los cuartos de final de la Champions League y la final de la Copa del Rey a no llegar a clasificarse para la Europa League. Por suerte, Caparrós tomó las riendas del equipo a tiempo y el Sevilla jugará la segunda competición continental, aunque para ello deberá superar dos rondas previas. El Alavés, en cambio, encontró en la figura del ‘Pitu’ la de un mesías que salvó al equipo de un descenso prematuro. Pero no solo sacó del pozo a los vitorianos, inició una escalada de posiciones para dejar al equipo en mitad de la tabla.
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Pasando al plano futbolístico más estricto, hay poco que decidir en este partido. El Sevilla es séptimo sin opciones de dar caza a Betis y Villarreal, mientras que el Alavés puede acabar entre los diez primeros clasificados en caso de ganar y que sus competidores no lo logren.
En la jornada anterior, los hispalenses empataron a dos ante el Betis en el derbi sevillano. Los goles de Ben Yedder y Kjaer no fueron suficientes para contrarrestar los tantos de Bartra y Loren en un partido disputado y bronco a partes iguales. Los albiazules también tuvieron derbi, aunque en su caso el resultado fue mucho más positivo. Un 3-1 cosechado ante un endeble Athetic Club que sirvió para certificar que los de Vitoria acabaran la temporada por delante de los bilbaínos. Los goles de Guidetti, Munir e Ibai tienen parte de culpa.
En el partido de ida que enfrentó a ambos conjuntos, los babazorros se llevaron el encuentro gracias al gol de Manu García. El capitán logró retener los tres puntos en Mendizorroza en un intenso partido que se saldó con la expulsión de Duarte. No obstante, los de Nervión apenas inquietaron a la portería defendida por Pacheco.
Para este encuentro, Caparrós no podrá contar con Mercado por lesión ni con Escudero, sancionado. Se esperan rotaciones en el bando sevillista teniendo en cuenta las dudas de Navas y Banega. Por su parte, Abelardo cuenta con las bajas de Pedraza y Alexis. Además, Gudietti se ha caído de la convocatoria a última hora.
Poco que decidir en el Sánchez-Pizjuán. Temporadas atípicas las de ambos equipos aunque se saldan con finales placenteros. Obtener una plaza para Europa es el premio de los hispalenses; la permanencia de forma holgada, el de los babazorros.
Sevilla FC: D. Soria; Layún, Kjaer, Lenglet, Arana; Roque Mesa, Nzonzi, Sarabia, Franco Vázquez, Nolito y Ben Yedder.
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Deportivo Alavés: Pacheco; Martín, Laguardia, Ely, Diéguez; Manu García, Pina, Ibai; Sobrino, Munir y Demirovic.

Wilshere

Sin embargo, y es evidente que Simeone no puede prescindir de su dupla de delanteros ni de la defensa de los carriles exteriores, hay un nombre que puede incomodar especialmente la defensa atlética en ese escenario de posesión más dividida con respecto a la ida: Jack Wilshere. El centrocampista inglés está, por fin, en un momento de forma pletórico, y sus características hacen especial daño a un doble pivote que además esté conformado por tipos móviles y dinámicos como Saúl y Thomas.
Wilshere juega en una posición intermedia, y cuando baja a recibir a la altura de Xhaka, atrae a los centrocampistas atléticos. Con la soltura que tiene ahora mismo para girar y pasar, esa zona entre líneas será una preocupación extra teniendo en cuenta que allí se moverán Ramsey, Mkhitaryan y Özil, y que Lacazette también dará opciones con movimientos hacia ambos perfiles. La sensación es que, a pesar de lo visto en la ida, el pase a la final dependerá más de las veces que Diego Costa y Griezmann se encuentren y de cómo gestione el Atleti sus posesiones, que de una heroicidad defensiva como la presenciada en Londres.
Emocionante semifinal la que tenemos por delante.
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Dos equipos muy distintos, los gunners con una inexperiencia que potencia lo emocional de la salida de Wenger, los colchoneros con una emotividad surgida de la resistencia del asedio en la ida.

El Metropolitano va a vivir su primera gran noche europea en un ambiente cargado por las ganas y la emoción de vivir una vuelta de una semifinal europea cuando todo parecía acabado con la eliminación de Champions y tras la derrota contra el Barcelona. En este contexto no me puedo imaginar un desempeño que no roce el 100% de intensidad de los del Cholo.

Con las bajas de Sime y Filipe (al menos de inicio), el Atlético tendrá que fiar toda su suerte ofensiva al talento de Griezmann y la profundidad de Costa, acompañados por la capacidad de generación de posesión que le de Koke.

Sin embargo, me parece clave la actuación de Thomas. El Atlético, con Filipe Luis en el campo, gana altura en el terreno por el sector izquierdo, a través de combinaciones del brasileño con Koke y Griezmann. Os parece que el Cholo pueda probar algo parecido con Thomas en el sector derecho, colocando a Koke como interior en ese sector y aprovechando que Antoine suele caer en esa banda?
Hace tiempo lo hablamos. Thomas tiene un potencial interesante para ejercer de lateral-volante al estilo de Filipe. Lo que no veo es a Koke jugando por el sector derecho. Se pierde posicionalmente. Tiende a abrirse mucho y le falta cintura/arrancada para poder salir hacia delante sin tener que tocar en horizontal o hacia atrás.

Y Correa no te va a bajar para pausar y dar tiempo al ghanés a llegar. En cuanto la coja, va a girarse y mirar arriba. A lo mejor Vitolo sería una solución intermedia que pudiera abrirle el carril derecho a la vez que mantener la altura para permitirle llegar en combinación.
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Creo que va a ser vital cómo gestionen la salida por fuera tras la recuperación los “laterales” rojiblancos. Si los volantes (pongamos Koke y Correa) van bien a las ayudas, a Thomas le deben quedar muchos balones hoy en propio campo y con Monreal rebasado por la propia profundidad de su ataque, donde tendrá que elegir mirar en largo, conducir o jugar por dentro (por el lado izquierdo no tengo dudas de que será pase de seguridad o balonazo a Costa). Creo que dependerá de él una parte importante de cómo transite y que se parta el bloque en la medular, y a qué altura juegue, en definitiva.

Wilshere

La heroica resistencia del Atlético de Madrid en el Emirates Stadium deja un panorama radicalmente distinto para el partido de vuelta frente al Arsenal. En lo emocional, el equipo rojiblanco regresó a Madrid con un resultado que el contexto del encuentro tras la expulsión de Vrasljko debió derivar hacia otra cosa, de modo que la ventaja anímica -y el mensaje del Cholo después del encuentro preparó al Metropolitano para su primera gran noche Europa- será un factor a tener en cuenta.
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En lo puramente futbolístico, la pregunta es cómo gestionará el Atlético de Madrid la defensa frente al Arsenal en igualdad numérica, algo que sólo pudimos intuir en Londres. Es evidente que perder a Vrasljko le dio una clara ventaja al cuadro londinense, pero también que el Atlético de Madrid pasó a reducir la franja de terreno a defender, lo que provocó que las ayudas en la protección del área fuesen más sencillas. Es cierto que el equipo, al perder un punta, tuvo mucha menos salida, pero al componente emocional que ayudó a la resistencia se sumó un escenario defensivo en el que Godín u Oblak marcan la diferencia.
Evidentemente, estar en inferioridad numérica no fue en absoluto positivo, pero sí ofreció un contexto defensivo que obligó a un plus de finura al Arsenal, que por otra parte se aprovechó de poder robar la pelota de forma constante en campo rival, al perder el Atlético de Madrid el apoyo interior de Griezmann para que pudiera lanzar a Gameiro al espacio. Más allá de que el resultado para el equipo londinense obligue a una intención similar a la vista hace siete días en el Emirates Stadium, cabe esperar un escenario de encuentro radicalmente distinto.
En primer lugar, por la presencia de Diego Costa, que indiscutiblemente hará que el Arsenal realice menos ataques organizados. El hispanobrasileño encontrará, presumiblemente, un escenario ideal. Con la posesión dividida, algo que se puede intuir, Koscielny y Mustafi pasarán mucho tiempo defendiendo a gran altura, y ahí cualquier envío profundo va a ser un suplicio para los ingleses. Costa tendrá que dar profundidad al equipo, y por las características y necesidades del rival, lo hará arrancando de una altura que encaja perfectamente con sus características.
Esa posesión dividida, sin embargo, puede llevar al Atlético de Madrid a dar un espacio extra en campo propio. El 4-4-2 de Simeone garantiza dos cosas que son realmente importantes para defender al Arsenal. En primer lugar, que Diego Costa y Griezmann, en la última línea, llevan a tu equipo a atacar con frecuencia, aunque la pelota esté lejos de la portería rival. Es algo que evidentemente faltó en el partido de ida y que se hace más valioso si cuentas con esa dupla de delanteros, ya que aportan una opción de gol constante, ya sea por consecuencia directa o indirecta.
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El segundo de los factores a tener en cuenta es la defensa exterior. El Arsenal proyecta muy arriba tanto a Bellerín como a Monreal, de modo que el pase hacia fuera siempre es una opción interesante y dañina. El posicionamiento de Koke y Correa sin pelota ayuda que ese envío no sea recibido de forma limpia, de modo que el Arsenal pierde un activo clave a la hora de atacar. Primero porque por sí mismos, los dos laterales españoles son capaces de ser muy productivos, y segundo porque esa altura a la que juegan ayuda a poder recuperar la pelota con premura en campo rival.

Salah

Rudi García y Spalletti fueron, lógicamente, adaptando su libreto personal, pero ambos tuvieron, cada uno en una mitad del curso 2015/2016, en Miralem Pjanic un hombre que además de lanzar al espacio a Gervinho y, por supuesto, a un Salah que mantuvo la capacidad de ruptura, aunque no fuese en exclusiva, a un futbolista que aumentaba la estancia de su equipo en el ataque posicional. El bosnio, en ese momento, actuaba como interior derecho en un 4-3-3 en el que su gestión del carril interior derecho pasaba desde dar un apoyo a Keita o De Rossi en el primer pase, hasta recibir por delante de la línea de la pelota en campo rival. Salah, que ya prefería la banda derecha en esos ataques estáticos, siempre tenía cerca de uno de los grandes centrocampistas en términos de gestión de la pelota del panorama actual, lo que enriqueció su juego posicional. Encontrarás las novedades sobre camisetas de futbol de clubes y selecciones.
Quizás uno de sus problemas durante su estancia en Roma, más allá de que sus números no fueron en absoluto negativos -marcó 29 goles en 65 partidos de Serie A con la camiseta giallorossa- fue que aún debía evolucionar en cuanto a seguridad en sus remates. Ocurre en el fútbol italiano que, por cultura, el equipo grande encuentra muchos partidos en la temporada viéndose obligado a un ataque organizado bastante constante ante rivales con nueve o diez jugadores por detrás del balón, y probablemente eso redujo la efectividad anotadora del egipcio, que dividió sus disparos entre acciones de transición, donde encaraba portería y definía con más soltura, y golpeos con más opción de ser bloqueados, donde mostró una necesidad de evolucionar tanto en técnica como en toma de decisiones.Camisetas de fútbol de selecciones nacionales del Mundial 2018, no te pierdas!
Indiscutiblemente, Salah se trataba de una de las grandes estrellas del fútbol italiano cuando el Liverpool decidió acometer su fichaje, pero en ningún caso podía esperarse el espectacular rendimiento que ha dejado bajo los mandos de Jürgen Klopp. No cabe duda de que el técnico alemán era el más propicio para explotar sus virtudes, y el fútbol inglés, un terreno en el que las transiciones rápidas y verticales están a la orden del día, un lugar perfecto para terminar de encontrar su madurez. Sin embargo, Salah está reventando récords -puede llegar a ser el futbolista que más tantos marque en una temporada de Premier League- de forma absolutamente sorprendente.
Una de las ventajas indiscutibles para Salah es que su aterrizaje en el Liverpool se ha producido después de que Klopp haya tenido un margen de trabajo lo suficientemente amplio como para dar forma al equipo que él quería. El conjunto red es un bloque que se basa en dos conceptos claros e innegociables: presión y verticalidad. El escenario potenció a un Salah que de un plumazo se encontró con dos grandes noticias: le iban a dar la pelota al espacio, donde ningún defensa de la Premier League puede darle caza en carrera, y esos envíos, encima, iban a ser tras robos a gran altura, por lo que las situaciones de remate tras ese pase iban a ser si cabe más francas.

El Gran Salah

La llegada de Mohamed Salah al fútbol italiano en el invierno de 2015 supuso un golpe de efecto, primero, para la Fiorentina, el club que logró su cesión, y después, para la propia carrera del egipcio, que pasó de ser un descarte del Chelsea a mostrarse como un futbolista capaz de decidir partidos en la élite. El club londinense había acometido su fichaje justo doce meses antes, después de un enfrentamiento directo con el Basilea en el que el jugador egipcio llamó muchísimo la atención.
Los únicos dos partidos que perdió el equipo de Jose Mourinho en esa fase de grupos de la Champions 2013/2014 fueron precisamente contra el cuadro suizo. Salah no se trataba de su jugador referencia, pero sus características encajaban de maravilla en el plan de juego del portugués, que con Willian, Oscar y Hazard lograba construir transiciones hacia el ataque muy veloces con un alto grado de precisión. De hecho, tras su llegada, Salah participó hasta en nueve partidos de una Premier League que finalmente se acabó llevando el Manchester City.
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El gran ostracismo que vivió en el arranque del siguiente curso provocó que el Chelsea decidiera darle salida, y la forma en la que se llegó a un acuerdo con la Fiorentina fue aprovechar el nombre de Juan Guillermo Cuadrado para hacer una especie de intercambio. El colombiano venía siendo uno de los jugadores clave para Vincenzo Montella, y sin duda su pérdida iba a resultar un problema importante. La llegada de Salah, sin embargo, acabó resultando no sólo la solución, sino una forma de mejorar el rendimiento del equipo, ya que llegó un perfil que permitió matar dos pájaros de un tiro: sumaba un gol que no estaba al alcance del colombiano, y potenció la figura de un Joaquín que pasó a ser fundamental.
En una Fiorentina con Ilicic y Cuadrado teniendo un papel importante, el movimiento a los espacios pasaba por ser casi parte exclusiva de Mario Gómez. La llegada del egipcio no sólo ayudó en ese sentido, sino que la Fiorentina comenzó a intimidar a gran distancia de la meta rival. Eso, además, hizo que Joaquín comenzase a tocar más veces la pelota en la gestación de las jugadas, ya que uno de los extremos  -o el segundo punta, papel que Salah hizo en ocasiones cuando Montella pasaba del 4-3-3 al 3-5-2- se alejaba de la pelota para terminar jugadas. El primer Salah que aterrizó en el Calcio era un diablo haciendo desmarques de ruptura, y eso le permitió dejar varias exhibiciones, quizás la más sonada el doblete que le hizo a la Juventus en la ida de las semifinales de Copa.Encuentra camisetas y equipaciones de la Liga: Real Madrid, Barcelona, Atletico de Madrid, Valencia, Sevilla.
La Fiorentina trató de mantenerle, pero la Roma, que jugaba Liga de Campeones, apostó por un fichaje que a la postre acabó resultando fundamental. El equipo capitalino jugaba Liga de Campeones, y el egipcio pasó a ser un jugador clave en los planes, primero, de Rudi García, y después, de Luciano Spalletti. En ambos casos comenzamos a descubrir un perfil de Salah que no había terminado de mostrarse en la Fiorentina: el de un futbolista con capacidad para dar continuidad en situaciones de ataque posicional. El tremendo juego interior de la Fiorentina –Joaquín, Badelj, Ilicic, David Pizarro- obligó a Montella a usar a Salah como lanza, pero en la Roma el escenario era diferente. El egipcio compartía delantera con Dzeko y sobre todo y más importante, con un Gervinho que pasaba a ser la profundidad por decreto.